ALFREDO AZCARATE VARELA
THE BAJA POST/EDITOR
FOTO: pixabay planet_fox
El torneo de balompié que se celebra en México, Estados Unidos y Canadá marca una nueva faceta de este torneo que no se puede nombrar ni tampoco al organizador que es una Federación Deportiva mundial dueña de esta marca que surge en Uruguay en 1930 y que, a través de los años ha ido evolucionando.
Ahora, a 96 años de distancia, el torneo, cuyo nombre no podemos mencionar sigue siendo un evento del mismo organizador, que tampoco podemos nombrar o nos demandan
El futbol ha pasado a segundo lugar, el negocio para los organizadores es lo más importante, las reglas absurdas como la de castigar al portero alemán por usar un sweater debajo de su camiseta o sancionar a los jugadores por festejar sus goles y otra serie de medidas restrictivas.
Conferencias de prensa donde se prohíbe hablar español, boletos que cuestan miles de dólares, jugadores tratados como sospechosos de terrorismo, interrogados y registrados a su llegada a los Estados Unidos, gente que tenía boletos y no pudo entrar a los juegos.
EL futbol era un deporte popular y masivo, ahora se ha convertido en una disciplina regida por un cuerpo gobernante (no podemos decir el nombre de la organización detrás de l torneo) que termina por convertir el juego en “su propiedad”, es el deporte más popular del mundo y lo aprovechan muy bien.
Los organizadores no pagan impuestos en los países a los que les conceden la sede del torneo y ahora, lo que eran los beneficios que llegaban al país que hacían el torneo ya se esfumaron y es difícil olvidar que en Qatar hubo que construir más de 10 estadios, ya que no tenían suficiente infraestructura.
Trabajadores de varios países como India, Pakistán, Tailandia y otros, fueron contratados con falsas promesas de buen salario y hospedaje, en lo que puede llamarse una modalidad de esclavitud moderna, además que murieron entre 6 y 7 mil trabajadores en las construcciones.



