5 mayo, 2026

Padres de Ayotzinapa tiran puerta de Palacio Nacional, se sienten traicionados

ALFREDO AZCARTE VARELA
THE BAJA POST/EDITOR

El 6 de Marzo, padres y estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, tiraron una puerta de Palacio Nacional, desesperados porque tenían una semana protestando, más o menos, sin ser atendidos por el Presidente Andrés Manuel López Obrador, llegaron a la desesperación por la falta de atención presidencial, mientras el mandatario solo dice que son vándalos enviados por la “ultraderecha”.

Descartó que fueran estudiantes y aseguró (sin saberlo realmente que muchos eran “infiltrados” y que algunos estaban “muy grandes para ser estudiantes” y aseguró´ que los padres son rehenes de los abogados y dijo que espera recibirlos pero “sin abogados ni asesores” y aseguró que quiere que lo escuchen.

Nos tratan como disidentes políticos y lo único que queremos es justicia para los 43 de Ayotzinapa.

Los 43 desparecidos de Ayotzinapa son un número negro del Gobierno de Peña Nieto, una deuda que López Obrador no ha sabido atender, desde su particular punto de vista él no tratará con intermediarios, las protestas contra su falta de atención al triste tema son encabezadas y encausadas por sus enemigos y adversarios.

Sin embargo, padres de familia que perdieron a un hijo en la noche de Iguala, como se suele llamar a la tragedia de Ayotzinapa, señalan que los tratan como si fueran opositores o “adversarios” (palabra favorita de AMLO para designar a quien se desvía de sus directrices de acción y pensamiento.

“No somos opositores, somos padres y madres de familia que quieren saber qué pasó con sus hijos” dicen ellos, que lo que buscan es que sus hijos aparezcan con vida (lo cual es imposible prácticamente) o que, al menos, se de una explicación de lo que sucedió y se juzgue y sentencie  los culpables.

Sin embargo, Vidulfo Rosales, un abogado que acompaña a los padres de Ayotzinapa, considera que además de tratarlos como “insurrectos”, López Obrador minimiza su movimiento y asegura que están manipulados por la “ultraderecha” y los conservadores que ya no reciben beneficios, una vertiente de razonamiento que lleva casi 6 años.

En resumen este sexenio se reduce a lo siguiente: Gobierno del autoelogio, que no solamente incumplió promesas, sino que en muchos casos hizo todo lo contrario a lo que había dicho en campaña, rodeado de una diáspora de “incondicionales” y satanizando a cualquiera que se desvíe de lo que dice y opine el Presidente.

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